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sábado, 20 de diciembre de 2014

Maleta de libros: los 14 del 14

Edmund Charles Tarbel / In the Orchard / 1891
1. La casa lúgubre. Charles Dickens. Empecé el año con esta novela, que era la preferida de Scott Fitzgerald de entre todas las del autor. También se ha convertido en mi preferida. A muchos les resulta inverosímil el personaje de Esther Summerson, la protagonista. Es curioso cómo hoy se acepta el Mal (véase cualquier serie de televisión de éxito) y, sin embargo, se percibe como increíble el Bien. Lo bueno de Dickens, y por eso es único, es que aquí está todo: el horror, el amor y, como siempre, el humor.

2. El jardín de los Finzi-Contini. Giorgio Bassani. Y este es el libro que me acompaña estos últimos días del año. He dejado a Micòl y Alberto conversando en su estudio, preparando sus tesis, a caballo entre Ferrara y Venecia, en los mejores años de su juventud, mientras Mussolini y Hitler sellaban el pacto de Munich… “¡Oh, el invierno de 1938-39! Recuerdo aquellos largos meses inmóviles, como suspendidos por encima del tiempo y la desesperación”.

Entre uno y otro, ha habido otros muchos, entre los que destaco los siguientes:

3. El fragor del día. Elizabeth Bowen. Una historia de amor como son siempre las de Elizabeth Bowen, frágiles, siempre al borde de la ruptura, como si el amor llegara a destiempo, aquí en el Londres bombardeado de la II Guerra Mundial.

4. Fiebre romana. Edith Wharton. Un relato sorprende hasta el final. Una historia sobre la amistad, el amor, los celos y el paso del tiempo bajo el hechizo de un atardecer en Roma.

5. Escribir. Robert Louis Stevenson. Además de cuentista, escritor de novelas de aventuras y de libros de viajes, Stevenson fue muy buen crítico. Este libro recoge muchas de sus reseñas, prólogos y textos en los que reflexiona sobre el arte de ficción y la elaboración de sus propias obras. Este libro de tapas amarillas está tan bien editado y está tan lleno de buenas ideas y sugerencias literarias que se ha pasado el año deambulando por la casa, siempre a mano.

6. Huye rápido, vete lejos. Fred Vargas. No suelo leer novela negra, pero Fred Vargas es diferente. Este libro de asesinatos es con el que más me he reído este año. A carcajada limpia con su disparatado comisario Adamsberg. Imaginativo, divertido, extraño y muy bien escrito.

7. Ida Elisabeth. Ingrid Undset. Una novela maravillosa por la maestría de sus descripciones, tanto de la naturaleza como de la psicología de los personajes. En ellas se sostiene Undset para contar la evolución del carácter de su protagonista a lo largo del tiempo. Nunca he visto mejor escrito ese paso del tiempo en la transformación de las emociones para captar el aprendizaje de la experiencia.

8. El alcalde de Casterbridge. Thomas Hardy. Aquí tenemos otra vez a un puñado de seres pequeños enfrentados al destino, empeñados en arremeter contra los fantasmas creados por el carácter, que les hace elegir siempre el camino para el que están menos preparados.

9. El rector de Justin. Louis Auchincloss. Una novela intelectual y reflexiva, de la forma que saben hacerlo los americanos, con buenos diálogos, escenas capaces de atrapar la esencia de los personajes, etc. De lo mejor.

10. El cielo de Lima. Juan Gómez Bárcena. Una novela muy reciente que me recomendó una alumna, Tania, que vino a contarme que había conocido al autor. Se lo acepté por cortesía y en un rato libre en el despacho lo abrí para ver cómo empezaba. Y ya no pude dejarlo. Un libro escrito al margen de las modas, con una prosa rica, imaginación verbal, humor y amor por los personajes, una historia interesante con escenas llenas de vida.

11. Picnic en Hanging Rock. Joan Lindsay. Solo recordar la lectura de esta novela me pone los pelos de punta, como un verano de esos ardientes que trae malos prentimientos. Todo puede resultar hermoso y, a la misma vez, aterrador. 

12. La señorita Dashwood. Elizabeth Taylor. La mansión Cropthorne Manor es el escenario de una historia muy triste, melancólica, casi deprimente. Se cuenta en ella el doloroso despertar al amor de una joven inocente, Cassandra Dashwood, rodeada de personajes que han sufrido mucho en la vida.

13. Los paseos de circunvalación. Patrick Modiano. Había que intentarlo otra vez. De Modiano queda la atmósfera, los cafés llenos de humo, calles que se pierden en la niebla, seres recortados en el aire… Para mí, lo mejor de Modiano es que siempre me hace ir corriendo en busca de Boris Vian.

Je veux une vie en forme d’arête

Quiero una vida en forma de espina
En un plato azul
Quiero una vida en forma de cosa
En el fondo de un cacharro solo
Quiero una vida en forma de arena en las manos
En forma de pan verde o de jarra
En forma de chancleta blanda
En forma de cantinela
De deshollinador o de lila
De tierra llena de piedras
De peluquero salvaje o de edredón loco
Quiero una vida en forma de ti
Y la tengo, pero no me basta aún
No estoy nunca contento.

Feliz Navidad

sábado, 29 de noviembre de 2014

Las almas encarceladas de Stevenson


Cuando uno lee los cuentos de Stevenson no sabe si es posible encontrar el bien en este mundo, pero no le cabrá ninguna duda de que el diablo existe.

El Mal en estado puro asalta a los personajes, o mejor dicho, los espera. No es que ellos se sientan atraídos por el Mal, no lo buscan, pero en un momento dado toman una decisión que les conducirá hacia su encuentro, como si perdieran su libre albedrío y se vieran arrastrados por una corriente tan repulsiva como fascinante hasta desembocar en la oscuridad más absoluta. 

En ese infierno, cuyo lugar puede ser la memoria, la locura o el pecado, los personajes se quedan atrapados para siempre o, como almas encarceladas, acaban convertidos en fugitivos incapaces ya de volver a una vida normal.

“Perdóname si doy la impresión de querer enseñarte”, dice una de esas almas encarceladas en el relato Olalla, “yo que soy tan ignorante como los árboles de la montaña; pero los que aprenden muchas cosas no hacen más que arañar la superficie del conocimiento; entienden las leyes, conciben la dignidad de su propósito…, pero el horror del hecho real se esfuma de su memoria. Somos nosotros, los que nos quedamos en casa en compañía del mal, los que recordamos”

En casa en compañía del mal… el horror del hecho real... 

El mal es un presencia real en estos cuentos. Se puede tocar gracias a la habilidad de Stevenson para crear atmósferas. Frase a frase va tejiendo una malla que envuelve al lector y a los personajes hasta dejarlos frente al corazón de la historia, que nunca es sencillo ni claro, sino oscuro y melancólico como el pasional combate contra las flaquezas humanas.

***
R.L. Stevenson, de John Singer Sargent


Robert Louis Stevenson (1850 -1894) escribió mucho sobre al lado oscuro del hombre, pero nunca olvidó que lo que perseguía era la verdad. Una verdad a medias, pero verdad al fin y al cabo. En esa búsqueda había tres peligros que podían arruinar una obra de arte: la frivolidad, la falta de sinceridad y la parcialidad. Ofrecer una imagen engañosa del mundo y de la vida es una forma de inmoralidad que descalifica cualquier libro. Por eso no le gustaba nada Baudelaire y todo su "fárrago de horrores sin sentido". Tampoco sentía mucho aprecio por Edgar Allan Poe. Aunque admiraba su "increíble capacidad para adentrarse en esa cuestionable región que se extiende entre la cordura y la demencia", pensaba que su desbordante imaginación inclinaba sus relatos hacia el sensacionalismo. 

Algunas de estas opiniones están recogidas en 'Escribir. Ensayos sobre literatura', de la editorial Páginas de la Espuma, que ahora acaba de publicar los relatos de viajes de Stevenson. 


martes, 8 de julio de 2014

Maleta de libros

La prima Phillis, de Elizabeth Gaskell
Alba Editorial
"En una de sus obras de madurez, Elizabeth Gaskell pinta un magnífico retrato de una muchacha cuya sensibilidad y cultura la excluyen de los cánones del matrimonio". La autora de 'Norte y Sur' escribió este libro en 1863 y fue su penúltima obra, antes de 'Hijas y esposas'.

El fragor del día, de Elizabeth Bowen
Editorial Impedimenta
Novela de la irlandesa Elizabeth Bowen (1913-1980), autora de la imprescindible ‘La muerte del corazón’. Escrita en 1948, esta novela narra la historia de Estella Rodney una mujer que, en el Londres bombardeado de la II Guerra Mundial, descubre que el hombre a quien ama es sospechoso de vender secretos a los alemanes. Una novela sobre el amor y la libertad que podría haber escrito Graham Greene o Virginia Woolf.

Janet y Prudence, de Barbara Pym
Editorial Lumen
Londres. Años 50. Clase media inglesa. Seres corrientes, emociones singulares. Prudence, cuarenta años, casada, busca novio para su amiga Janet. “Su amor y su imaginación eran los que transformaban en únicos a los seres más insustanciales”. Barbara Pym (1913-1980), contemporánea de Muriel Spark, Jean Rhys o Iris Murdoch, es, según Guelbenzu, una de las escritoras más inteligentes que ha dado la narrativa inglesa contemporánea.

El rector de Justin, de Louis Auchincloss
Libros del asteroide
La vida de Francis Prescott, fundador de un colegio de élite de Boston, contada por un joven profesor, que recopila diversos testimonios de personas que lo conocieron. Más allá de la sensación de fracaso que abruma al rector al final de sus días, queda la constatación de la mejor enseñanza que recibieron sus alumnos: “la vida puede ser apasionante”. Una novela interesante y compleja como las vidas de sus personajes.

La casa de los siete tejados, de Nathaniel Hawthorne
Alianza Editorial
Una mansión en la que vivió un hombre turbio acusado de hechicería. Una historia de misterios, fantasmas y redención.

Ojo por ojo, de Anthony Trollope
Alianza Editorial
Una novela escrita en 1870 por el autor de ‘Las torres de Barchester’. Antes de tomar posesión de la fortuna familiar y casarse, el joven Fred se va de viaje a Irlanda a vivir aventuras antes de asumir sus obligaciones. Allí se enamora de Kate, una joven sin dinero que no será bien recibida por la familia de él.

El otro jardín y relatos completos, de Francis Windham
Editorial Libros del silencio
Todo lo que ha escrito este autor londinense nacido en 1924 está incluido en este volumen. ‘Lejos de la guerra’, su primer relato aparecido en 1974, ‘La señora Henderson y otros relatos’, de 1987, y su única novela, ‘El otro jardín’. Durante veinte años fue crítico del Sunday Times. Como escritor se le compara con Henry James.

Relatos, de Henry James
Editorial Debolsillo
Once relatos escritos por Henry James (1843-1916) entre 1883 y 1920 y clasificados por temas: En sociedad, Entre artistas, Entre muertos y En la desolación. “Trabajamos a ciegas; hacemos lo que podemos; damos lo que tenemos. Nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra misión. Todo lo demás no es sino la locura del arte”. Una buena selección de sus relatos con las mejores traducciones.

El señor de Ballantrae, de R. L. Stevenson
Akal
Un cuento de invierno para el verano,  con montañas brumosas, naufragios en lúgubres océanos y bosques helados para una historia de enfrentamiento entre el bien y el mal. Mucho más que una novela de aventuras del gran Stevenson: “El arte no imita la vida sino el lenguaje; no los hechos del destino humano sino la manera en que el actor humano destaca unos y oculta otros cuando habla de ellos”.

La inquietante Hester, de Anne Douglas Sedgwick
Editorial Rey Lear
Una novela escrita en los años veinte, pero que estuvo inédita en España hasta esta edición. Su autora es Ann Douglas Sedgwick (1873–1935), nacida en USA, educada en Londres, aprendiz de pintora en París, lectora de Emerson y Thoreau, amiga de Edith Wharton y Henry James. Creo que vale la pena conocerla.


domingo, 13 de abril de 2014

Su peso en el mundo



Lo único que sabe el narrador del protagonista de la historia que quiere contar es que un buen día salió de casa, se despidió de su mujer para un viaje de dos o tres días, pero no volvió hasta veinte años después. En realidad, lo más lejos que llegó el hombre, al que llama Wakefield, fue a la casa de enfrente. Se pregunta qué pudo llevar a un hombre de corazón frío y carente de imaginación a llevar a cabo un hecho tan extravagante. 

Lo primero que descubre es que cuando el hombre sale por la puerta “no sospecha lo que le espera”. El narrador cree que lo que le mueve es la simple vanidad de medir cuál es su peso en el mundo comprobando la reacción de sus seres queridos ante su ausencia. Nos advierte entonces de lo peligroso que puede ser jugar a abrir fisuras entre los afectos humanos: “No porque sean tan anchas y profundas, sino porque vuelven a cerrarse tan pronto”. De esta forma, cuando la mujer va superando el dolor de su ausencia, el marido comprenderá que la calle que los separa se ha ensanchado hasta convertirse en un abismo. Dice que ella “no volverá a angustiarse por él”, que es como decir que ya no comparten el mundo en el que vivían. Durante los años siguientes, el amor va desapareciendo en el corazón de ella en la misma medida que se renueva en el de él. 


A veces tenemos la sensación de que más que vivir la vida es la vida la que nos vive a nosotros. Perdemos el control de nuestras propias historias. Esa extrañeza debió empujar a Wakefield a dar ese paso que cambió su vida. Es como si él hubiera aceptado ese juego y se enfrentara a un destino sin precedentes. ¿Qué le salvó de la locura? No lo sé. Es un cuento extraño. Pero quizá la respuesta esté en que durante esos veinte años que vivió separado de su mundo la única certeza que tuvo era que volvería.

***

Nathaniel Hawthorne (1804-1864) publicó su primer libro en 1837, una recopilación de cuentos titulada 'Cuentos contados dos veces', que incluía 'Wakefield'. Además de la edición de bolsillo de Alianza (1985), con traducción de Luis Loayza, este cuento puede encontrarse editado por Acantilado, con el resto de relatos de ese primer libro, y en una edición ilustrada en Nórdica.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Maleta de libros

"Aquí una estrella, y allí una estrella,

¡Algunas pierden su camino!
Aquí una niebla  - y allí una niebla –
¡Después – el Día!"
 Emily Dickinson

Algunas recomendaciones de libros para estas Navidades.  Solo historias donde luce el sol en el invierno, aunque sea débilmente. Esto es un lugar seguro:


  1. Cuentos de Navidad, de Charles Dickens. Esta edición es una joya, y además en bolsillo, ideal para la maleta, con cinco relatos ambientados en los últimos días del año: “Caía una fuerte helada, aquel día. El aire era vigorizante, frío y limpio. El sol invernal, aunque no lo bastante fuerte para dar calor, brillaba sobre el hielo, al que no podía derretir por su debilidad y producía un radiante esplendor”.
  2. ¿Quién ha visto el viento?, de Carson McCullers. “Veo una calle llena de gente y una luz hermosa entra dentro de mí”. El amor, tan cerca de la soledad, tan cerca de la plenitud.
  3. Llenos de vida, de John Fante. En una casa de un barrio residencial, con termitas en la cocina, vive un próspero guionista de la Paramount que a los treinta años ha renunciado a la rebeldía juvenil, ha sentado la cabeza y va a ser padre por primera vez.
  4. Espíritu festivo, de Robertson Davies. Cada año, el escritor canadiense escribía un cuento para amenizar las celebraciones navideñas en la universidad de Toronto. Aquí están reunidos los 18 que escribió.
  5. La señorita Dashwood, de Elizabeth Taylor. “Incluso antes de verle o de hablar con él, Cassandra había decidido amarle, como una institutriz en una novela. Conocerle simplemente había confirmado su intención, había hecho posible sus esperanzas”.
  6. El jardín secreto, de Frances Hodgson Burnett. Tras quedarse huérfana a los diez años, Mary Lennox empieza a vivir con su tío en una mansión de Yorkshire, Inglaterra, donde descubrirá un jardín que está cerrado con llave.
  7. La extraña desaparición de Esme Lennox, de Maggie O’Farrell. La hermana de Mary Lennox también vuelve a Inglaterra, pero ella no logrará adaptarse y quedará borrada de la memoria familiar durante años, hasta que una sobrina nieta decide hacerse cargo de ella para descubrir los secretos que se esconden en una vida de soledad.
  8. El progreso del amor, de Alice Munro.  "La vida de la gente es suficientemente interesante si tú consigues captarla tal cual es, monótona, sencilla, increíble, insondable".
  9. La casa del páramo, de Elizabeth Gaskell. Esta novela, que publicada como cuento de Navidad a finales de 1850, trata del Amor más allá de las apariencias y las clases sociales: “¡Conocemos tan poco la verdadera realidad de aquellos hogares que visitamos como amigos íntimos!”.


y 10. La dulce, de Fiodor Dostoievski. “Quién era yo, quién era ella”. Con estas preguntas arranca esta novela breve del escritor ruso.


domingo, 13 de octubre de 2013

La vida es más extraña de lo que parecía

Garden House (E.A. / 2013)

“A menudo la juventud lee las novelas de Austen como si fueran historias de amor…”, dice Carol Shields en su ensayo biográfico sobre la escritora inglesa. Esa frase me habría pasado inadvertida de no haber caído rendido ya al arte de Austen. Porque no aprecié sus novelas hasta hace poco tiempo. Pensaba que eran historias insignificantes de jovencitas en busca de un buen partido. Pero no tratan de eso, o al menos eso no es lo más importante.

Shields añade que el genio de Jane Austen reside en su capacidad para ver ya en su época que para la mentalidad moderna el gran tema de la ficción sería la búsqueda por parte de un individuo de su verdadero hogar, convertido este en un destino tan deseado como denegado. 

Ese camino hacia un lugar en el que uno pueda decir “aquí existo, aquí soy yo” lo representó ella a través de lo que mejor conocía de su propia experiencia: la estrecha vida familiar, las diferencias de clase o el matrimonio como aspiración de la mujer a un lugar propio. Por eso sus novelas parecen llenas de escenas triviales. Sin embargo, esas existencias comunes que ella retrata están atravesadas por un soplo de emoción que tensa los sentimientos de los personajes hasta colocarlos en el límite de sus propias vidas. Entonces una carta, una taza de té o un paseo por el jardín se convierten en metáforas de una vida reconciliada, de una promesa de felicidad o del dolor por el hogar perdido.

Esas escenas triviales son en verdad un ropaje familiar para la dramatización de dilemas morales representados, sobre todo, a través de sutiles transformaciones de los sentimientos de los personajes cuando se enfrentan a un destino que siempre parece inmenso al lado de sus limitadas vidas. Y con ese contraste entre unas vidas tan pequeñas y un destino tan implacable que parece que dará una única oportunidad, las historias de Jane Austen logran transmitir la emoción solemne y verdadera que todos hemos sentido ante los momentos memorables de nuestras vidas.

En uno de los ensayos de ‘El lector común’, Virginia Woolf se preguntaba qué habría escrito Jane Austen si hubiera vivido más, cómo hubieran sido sus novelas a partir de los 42 años, que fue la edad en la que murió. Seguramente la belleza y la complejidad de sus escenas sería la misma, pero quizá habría descubierto algo más sobre la vida. Estaba empezando, dice Woolf, a descubrir que el mundo es más grande, más misterioso y más romántico de lo que había supuesto. Habría hablado más de sentimientos y más del amor que ella misma había experimentado. ¿Se hubiera oscurecido su mundo? ¿El sufrimiento o la decepción habrían debilitado la promesa de felicidad que reciben sus personajes? Virginia Woolf cree que la autora de ‘Persuasión’ habría indagado más en lo que la gente calla: “No solo quiénes son sino qué es la vida”. 


En sus novelas, sus personajes van en busca de ese hogar construido con amor, pero no tuvo tiempo de escribir la historia de lo que ocurre cuando se llega a ese lugar protector, donde se descubre que la vida es más extraña de lo que parecía. Podría haber escrito entonces que el amor permanece, pero ya no como promesa de felicidad sino como recuerdo de la confianza perdida o como última defensa ante el dolor. Pero eso ella ya lo sabía: “No se ama menos un lugar porque se haya sufrido en él”.

***



A comienzos de 1796, cuando tenía veinte años, Jane Austen conoció a un joven irlandés que acababa de llegar a Londres para estudiar Derecho. Se vieron pocas veces: bailes, paseos, veladas a la hora del té, conversaciones sobre las novelas que leían. Durante esos días, ella hablaba con exaltación de la forma que tenían de bailar y sentarse juntos. Y de todo ello escribió en sus cartas a su hermana Casandra. Le dijo que tenía un “amigo irlandés” y que se había enamorado. Se llamaba Tom Lefroy y se sabe que él también amó a Jane. Sin embargo, su familia lo alejó de ella antes de que le propusiera matrimonio porque pensaba que el joven debía aspirar a algo mejor que la hija de un párroco. Nunca volvió a verlo. No se le dio esa segunda oportunidad que ella sí reservaba para sus personajes. “Finalmente ha llegado el día en que voy a coquetear por última vez con Tom Lefroy, y cuando recibas esto, se habrá acabado. Esta melancólica idea me hace llorar mientras escribo”. 

***

'Jane Austen', la biografía que escribió Carol Shields, fue publicada por Mondadori en 2002, en una colección titulada 'vita breve'. Ahora el libro es muy difícil de encontrar, por no decir imposible, en las librerías. Yo lo encontré en la biblioteca. 
'El lector común', de Virginia Woolf, publicado por debolsillo, es una colección de breves ensayos sobre escritores ingleses.
'Who was de real Tom Lefroy'. En este artículo se cuenta todo lo que se sabe sobre el amor de juventud de Jane Austen

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Las heladas glorias de Orión

Moon (E.A. / 2013)

La historia de Rickie Elliot es triste y hermosa. La parte de su vida que conocemos es como esos paisajes que a primera vista parecen soleados y lleno de promesas hasta que uno se demora en la contemplación y lo que veía brillar se congela y lo que ofrecía una calma acogedora se percibe como un vacío desolado.

Rickie, el protagonista de la novela ‘El más largo viaje’, de E. M. Forster, está en medio de ese paisaje y cree que se puede permanecer allí en el lado de la vida, sin dejarse arrastrar por las aguas turbias de la madurez. Cree que la amistad, el amor, la verdad… no están condenadas a morir si conseguimos mantener encendida su llama con la imaginación. ¿Es posible hacerlo o la vida que llevamos entierra todo lo que un día nos pareció puro? Es posible, responde, solo hay que estar atento para apresar los momentos eternos que la vida nos ofrece.
“Me parece que de vez en cuando encontramos en la vida una persona o un incidente de carácter simbólico. No es nada en sí mismo, pero en ese momento representa un principio eterno. Si lo aceptamos, cueste lo que cueste, hemos aceptado la vida. Pero si nos asustamos y lo rechazamos, la ocasión por así decirlo, desaparece; el símbolo no vuelve a ofrecérsenos jamás”
Cabe la posibilidad también de que estemos ciegos la mayor parte del tiempo y no veamos los momentos simbólicos que se nos ofrecen. Y los dejemos pasar sin prestarles atención. O que nos confundamos a la hora de medir los principios eternos. ¿Cómo estar seguros de qué puerta abrir y qué puerta cerrar? ¡Qué difícil es entender nuestra propia vida! Y si es difícil comprender el pasado, ¿no será una ingenuidad atreverse siquiera a calibrar el instante? 

En medio de los sufrimientos que la vida le depara, una noche Rickie tiene un sueño misterioso. Oye llorar a su madre en la habitación a oscuras. La oye con tanta claridad que se despierta. Enciende una vela. La habitación está vacía. Entonces corre a la ventana y ve “sobre los mezquinos edificios las heladas glorias de Orión”.

La vida nos da la oportunidad de presenciar un puñado de verdades con toda claridad, pero permanece obstinadamente muda acerca de qué tendríamos que hacer con ellas. Mudas y bellas como la estrellas, las verdades eternas nos miran.

Puede que Rickie fracasara, aunque estuvo a punto de no hacerlo. No consiguió casi nada y lo perdió todo, pero su historia además de triste es hermosa, porque quien la cuenta sabe que “nuestra piedra de toque está en lo que valoramos, no en lo que tenemos”.


‘El más largo viaje’ no figura entre las novelas más conocidas de E. M. Forster, autor de ‘Una habitación con vistas’, ‘Regreso a Howards End’ y ‘Pasaje a la India’, ni entre las más leídas, pues suele ser despachada con expresiones como novela primeriza, inmadura, etc. En realidad, escribió todas sus novelas en muy poco tiempo, entre los 25 y los 45 años. ¡Qué lástima que no escribiera más!