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| Rachel, Rachel (Blaya M / 2012) |
Su
voz le suena falsa. Se ve los brazos largos y flacuchos. Cuando se mira al
espejo encuentra unos ojos grises demasiado grandes para su cara estrecha y
angulosa. Se cree demasiado alta y su ropa le parece desgastada.
No
sabe cómo la ven los demás. Y ya se ha
dado cuenta de que ella tampoco es capaz de verlos a ellos. Porque no ve bien
las cosas. Nunca están a la distancia adecuada: o demasiado cerca o demasiado
lejos. Siente que el silencio que la separa de todo “es tan ancho como el
cielo”.
Tiene
sensibilidad para captar las cosas que le rodean, es observadora, y, sin
embargo, la vida pasa ante ella como un acertijo fútil. Sus pensamientos se despliegan temblorosos
como el rocío sobre las hojas. Pero hay oscuridad alrededor y no tiene con
quien compartirla.
La
vida es un abrir y cerrar de puertas. Una noche se nos abre una para que la oscuridad nos envuelva ocultando todo lo que queda fuera. Un brillo intenso
detiene el instante haciendo aflorar lo que hay dentro. Hasta que tiempo
después la puerta se cierra sin hacer ruido. Tan suavemente que solo nos damos
cuenta cuando intentamos volver a abrirla.
Entonces
podemos sentir que todas las puertas están cerradas, prohibidas para siempre.
Tanto las grandes como las pequeñas, incluso las que apenas eran una hendidura
en el tiempo, el acceso a un mundo soñado. La soledad se convierte en un
encierro.
***
Rachel
Cameron es una mujer de 35 años que vive en el encierro de la soledad. En la
novela Una burla de Dios, de Margaret
Laurence, cuenta cómo se ha sentido durante los últimos años. Allí dice algo
terrible sobre el encierro de la soledad: “Toda mi vida parece consistir en un
encuentro casual, y todo lo que me pasa es inmutable”. Creo que no se puede
expresar mejor ese sentimiento. El mundo exterior es extraño e inalcanzable,
mientras que todo ocurre en nuestra imaginación, lo real y lo irreal, en una
red que nos atrapa e inmoviliza.
Margaret Laurence(1926-1987) es una escritora canadiense que escribió sus mejores novelas en las
décadas de los 60 y 70. Publicó Una burla
de Dios en 1966, cuando tenía 40 años. Hoy es difícil encontrar en España las traducciones de sus novelas.
Miguel me recomendó a esta autora.
Seguro que él sabe qué fue de Rachel.







